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Criseida 6152, Cumbres 5o. Sector Secc a, 64350 Monterrey, N.L., México
4.8
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Ubicación

Descripción


No es que no tenga a dónde ir, pero ¿adónde voy? No es que crea que haga las cosas mal, pero ¿qué hice bien? Como cualquier ser apasionado entenderá, lo das todo, todo cuanto puedes; pasa el tiempo y todo es florecer. Quizá me faltó agua. Seguro fue eso. El jardinero cojo, chorreando el poca agua que tiene entre su flor y el camino; se marchita. Cual samurái que falla, quisiera terminar todo dentro de mí, sucedáneo de la victoria y la felicidad. Y no sería por dignidad, sino por vergüenza, buscando la no-existencia de lo que en realidad será mi existencia con la pesada sombra de mis carencias, con la amargura que dejo en sus pétalos marchitos, sedientos de mí, sabiéndome incapaz de volverle el frondoso rosal que aspiraba a ser.

No tiene espinas, pero sus reclamos, sus necesidades, fueron los callos diarios, la esperanza semanal. Y claro que vale la pena sangrarte por acariciarla, pero mis torpes intentos estremecían sus raíces, la encogían de miedo a que le lastimara como el férreo viento que la rasga, como aún más torpes manos del pasado, queriéndola arrancar… Justo eso no quería ni quiero ser, desde que le vi; y al parecer, en algo parecido me volví.

Ya que estoy parado aquí, quisiera regarle con el agua de mi propio cuerpo, aunque me acabe yo mismo y me integre a la tierra, pero sería su abono, y no su abandono; ¿por qué tanta mezquindad en sus reclamos, por qué tanta debilidad en mis oídos? Es difícil amarte, flor de fuego, flor de volcán…

Te extraño sin saber cómo, pero como siempre, ante la incógnita del corazón ante mis ojos, la respuesta tú eres -diosa oculta-, por eso tu necesidad es mi delirio de muerte, porque nunca termina, porque soy sólo ceniza cuando querías el cigarro entero, soy la fotografía del paisaje, soy el ensayo, el etéreo, el ideal. Y cuando estoy en toda dimensión, cuando soy toda mi persona, ambos fieras, es casi inevitable que no nos encajemos los colmillos mutuamente: yo sólo quería jugar, y tú, imponerte; cuando no era suficiente la caza, me daba miedo entrar a tu sabana, sabiendo que para el rey todo no es suficiente. Cuando me seduces en tu forma y movimiento, sabes que como perro callejero me pongo, pero como perro callejero me quedo, sin volver a los inviernos amplios; bajo tu melena de rojizo calor no importa qué soy, siempre y cuando no me veas, mis pocas carnes te generan más hambre; ahí donde mis garras se vuelven pulgares y tus bigotes en pecas blancas sobre el rojo botón lleno de rocío, donde abres tus ramas, esperándome como el sol y decepcionándote como si fuese sólo una luz de luciérnaga lo que logro alumbrarte… Mis espinas me afirman lo poco que soy otra vez, sin rozar tus cimas ocultas bajo tus cimas visibles, exploradas, medidas, probadas, cultivadas mil veces y cada vez mejor; nada que ver con el gris que te robé por tu color interior.

Entiende mis aullidos, el desear no ser tan amado y querer morirme ante la posibilidad; el saber que mi distancia no es amor, y aunque es necesario, el amor es el que realmente me alimenta, el que me levanta, la anestesia que me hacía olvidar lo difícil que era conseguirte agua, o una buena presa.

Vacío. Unidad dualizada. La plasticidad de las reacciones y las circunstancias. El poder de las palabras. Vivir, estudiar y ser tus ideas, así como aprehender y desaprehender sin prejuicios nuevas realidades útiles para in-formarte.

Esto es fácil: todo al final, sin excepción, está vacío. Todo es como un cascarón, y deja de estar vacío al momento en que le dás significado en ti, es ahí que desde el vacío, viene todo; y ese espacio, físico u ontológico/psicológico, adquiere ese algo que lo hace significante; y en eso reside lo milagroso, lo creativo y lo más divino, lo más bello y a la vez cotidiano. Si después de todo, se acaba, sabes qué queda: vacío. Al final, tú mismo en todo has llenado vacíos, has enriquecido tu vida, la vida en general y la de otros; y si se pierde, no hay pérdida. Desde un principio, siempre estuvo vacío. La riqueza está, aunque

La mayor ilusión de este mundo (y lo reaprendí ayer gracias a un gurú) es el de la separación. Tenemos géneros, polos, elementos, facciones, tonos. Te identificas con uno, con varios quizá. Al parecer la vida nos ofrece una tecnología bastante peculiar y poco estudiada y comprendida, siempre siendo usada tan naturalmente que obviamos su estudio seriamente. Otros han llamado a este artilugio como la fuente de todo mal y sufrimiento en este lugar… A la energía le gusta observarse siempre de una forma diferente; nos repelerá lo contrario, o nos atraerá: son caprichosas las políticas a obedecer al jugar a las mascaradas. Bien, mal; norte, sur, este, oeste; hombre, mujer. Incluso, somos tan variados en nuestras acciones, convicciones, expresiones y vivencias que si usáramos ese conjunto de vibras como una identificación biométrica, serías únic@ en el mundo. Pero la raza se la cree muy en serio en lugar de observar este juego desde fuera de sus máscaras, que ya no saben si son ellos la máscara, o qué demonios son. Todos debajo de nuestra personalidad somos la misma cosa, la misma frágil, abstracta, sensible cosa a la que nuestros ojos ven extrañados, de ver tantas máscaras.

Esto lo he notado, pareciera casi universal a la condición humana, y va algo ligada a lo anterior; es conveniente o desastroso para unos u otros: los sentidos, el raciocinio, la memoria tienen lagunas y no graban, procesan ni exponen datos con total finalidad ni los vuelven inmutables en tu cabeza. Siempre hay una redundancia de realidades en este mundo, y el número es directamente proporcional a la cantidad de humanos que pupulamos por ahí y allá, y te aseguro que como psiconauta, entre tantos mundos, no hay uno igual a otro. Lo sabes. Trata de recordar con detalle lo que hacías y pensabas hace diez años; trata de contar una historia objetivamente, sin exagerar, obviar, olvidar o confundir un detalle. Podrás cada vez esforzarte más, pero ni las máquinas superan eso, tranquil@… Igual y es tan, tan común que esos lapsus, esas distorsiones ya no son tomadas en el marco de error a la hora de las convivencias cotidianas, que a lo mucho fugaz e inconscientemente las reconozcas y las dejes fluir, a ordenarse tal cual a tu libreta interna sin más filtro. Ni en favor ni en contra, si bien se hace lo posible por tender a la exactitud, hablamos que somos personas reales, no ideales.

Las palabras son algo así como el material más fascinante y desconcertante que puedas conocer, manejar, intercambiar, regalar, vender, comprar, inspirar, robar o soportar. Son menos importantes que la menor mota de polvo en el aire, y pueden derrumbar civilizaciones enteras. Son tan ubicuas (y me compadezco y asombro a la vez en el analfabetismo), tan baratas y tan importantes como llaves a otros mundos a los que llamamos personas. Parecen tener reglas estrictas en cuanto a su manejo e interpretación, y son en realidad tan psicóticamente utilizadas; puedes esperar desde una oportunidad de trabajo al abandono, pasando por besos, balazos, cigarros, amigos, un corazón roto, una sonrisa anónima o una jirafa… Un nahual dejó escrito que lo que hay que hacer con ellas, con ese material mágico de las palabras, es nunca tomarlas personalmente, así como ser impecable con ellas (sigue en discusión interna el sentido de impecable; porque siempre puede ser justo lo contrario si se quiere). Tienes esa libertad de decidir si te tomas el veneno de una frase amarga, o sólo la escuchas atentamente; bien manejado eso, lo trasmutas en antídoto.

Y sí, también las palabras están vacías. Lo que importan es lo que de ese vacío tú le enriqueces. Son sólo los vasos donde servimos un trago de nuestra esencia a quien nos escuche. Esa esencia viene de ti, de una fuente; entonces la fuente comparte esa naturaleza. Son lo mismo, y el idioma de las almas son sus expresiones. Lo que piensas, esas palabras que de pronto se vierten en ti y te revelan cosas, pueden ser afines a ti, o tú hacerte afín a ellas: vive tus ideas. Sé tus ideas, pero no dejes que ellas sean tú. Vive intensamente lo que eres, lo que crees y anhelas; examínate, mirá lo que han hecho en ti y a tu alrededor. Sé tú y deja ser. ¿No te funciona? ¿O simplemente no crees más? Colega, la voluntad tiene alas y va donde quiera, gusta y decida.

Salí del cuarto común de dormir porque, a pesar de que el calor de Monterrey desnaturaliza tu estructura proteínica bajo la sombra, y tenía un bellísimo y moderno minisplit paliando tal martirio, mi problema era mayor y menos controlable… No puedo dormir. Me encierro en mi cuarto, con el colchón en el suelo y las dos ventanas, usualmente tan airosas, me regalaron esta noche un par de bocinas intermitentes de silencio. Un silencio si bien absoluto, pero muy bello, como un negro aterciopelado, liso, perfecto y que inspira algo de paz; paz que es mínimamente ondeada como tela por los ruidos de los peregrinos de la carretera.

Amo ambas ventanas: una es el marco de mi mundo conocido, es donde termina el día; la ruidosa que me enmarca mis Mitras. La otra me regala el amanecer, y cuando es de noche, me da una quebrada surrealista hacia un mar y una costa de luces, allá en la raya del horizonte. Justo ahora, en mis paseos entre cuartos y el acostarse y no acostarse; con la cabeza en esa segunda ventana, empieza esto…

Sigo con mi yeso, que empezó como una segunda piel y ahora es un departamento para un chamorro enflaquecido. No lo soporto más; empiezo a arañarlo. La sangre me exaspera y tomo una pluma, añorando romper en trozos esa carcasa. Agujerado sólamente, le olvido y me concentro en mi objetivo: ya si mi pierna no quiere ser el medio, a la porra con él: igual, nunca se va de mí este palo tieso. Bajo las escaleras con las nalgas. Bebo agua, respiro. Aún creo que un delgado y desorbitado tipo cojo, sudoroso y sin playera llamará la atención, pero esta tierra es salvaje, y yo casi tanto como pudiera serlo: no creo ser tan llamativo.

Ya voy saliendo por el portón, haciendo de claves con las muletas y los guijarros… Es delicioso, soy como un esclavo maltrecho y sin propósitos corriendo, no a la libertad, no a algún par de brazos; corro a lo que sé que sólo me dará un alivio, y que sólo me muestra las cosas. Sabe que el camino ahí está y yo lo tomaré en la dirección que quiera; sabe que estoy bien, que sí, que siempre estoy bien y que sólo quiero sacarlo. Sabe que es perfecto para mí acercármele.

Como lo incontenible que viene, como el éxtasis, después del placer que fueron los primeros metros, me percato de a dónde me estoy acercando… Es sólo una banqueta y una calle lateral lo que me separa del corazón del silencio, del eje de lo que ahora es mi mundo interno; el altar de mi interior se hallaba ante mí; en un arrastrar más estaré en él. Tirándolo todo y tirándome ahí, es todo.

4:12 am: Llegué a en medio de la carretera. Estoy tirado en medio de la carretera, y ofrezco mi sudor, mis llagas en las costillas, las últimas colillas de la orilla de mi habitación; quisiera decorar este silencio con gritos que nadie oirá ni importarán sólo para hacer más vivo y dramático este momento, pero hacerlo es peor que la peor de las violaciones. Ya es demasiado significativo en sí.

Estoy en el asfalto y ni los gritos de mamá, ni las exigencias de papá me harán levantarme. Estoy por donde a diario los autos vuelan, y ni las grietas del suelo, dibujándose en un sólo trazo con mis coyunturas; ni esa fusión epifánica me parará de aquí. De aquí sólo me moverán cuatro cosas: que por fin empiece a llorar, a llorar como aquella vez que nadie escuchó el ahogo que me producía mis palabras, más dolorosas aún que ahogarse… “Sal de mí, por favor ya sal de mí”. Lo segundo sería que la sensación de paz y esas fisuras en la materia me tocaran el espíritu tan sólo una vez y que durara para siempre esa unión; y la tierra y el polvo serían lo único que querré conocer de ahí en delante, para vivir en algún lugar de las faldas del cerro… Lo tercero, y no menos importante e incontrolable, sería que pasara un trailer sonando su claxon: eso sería más que claro para mi mente que el agua para el sediento. Y lo cuarto, y menos especial, pero más probable, sería que entrara alguien y me moviera la mano de la sien.

Lo tengo en mente, más no sé cómo podríamos llamar a esto de ir en bicicleta o patineta por la ciudad y, para ahorrarte esfuerzo y tiempo (y por un divertido y compartido convenio entre conductores de vehículos motorizados y de tracción humana), te enganchas de la caja de alguna camioneta o de la manija de algún autobús y te trasladas sin gastar energías, gozando de un poco de adrenalina y velocidad extras. Lo llamo engancharse, o car-bike hooking.

Quisiera proponer algún código de conducta entre quien ofrece su coche y quien se engancha a uno desde su bicicleta; para evitar malos entendidos y maximizar la seguridad, la diversión y la eficiencia de esta práctica que algunos ciclistas urbanos medio extremos hemos apllicado alguna vez. Por si quedan dudas: no hay ley o reglamento alguno que lo prohíba, al menos no en México o que yo sepa. Si lo hay, estaría de lujo que nos lo hicieran saber.

Debería haber cierta noción de a dónde se dirige cada uno, para saber cuánto tiempo se pasará uno enganchado o si el vehículo dará vuelta en otra dirección o decide cambiar de carril. Avisar con tiempo antes de cualquier cambio de ruta o si se quiere seguir enganchado o con alguien enganchado a tu auto.

Si no te sientes capaz de poder sujetarte al auto, tu bicicleta no está en óptimas condiciones, el clima es adverso, o tus fuerzas o habilidad no son suficientes, olvídate de engancharte. Igual si como conductor temes poner en riesgo al ciclista, más que darle un pequeño paseo, mejor niégale la oportunidad de engancharse (todo con cortesía y claro).

¿Por qué no? Que los vehículos de los entusiastas incluyan una calcomanía en su parte trasera para indicar que son viables para que te enganches a ellos. Incluso, para los más extremos, instalar una agarradera bien firme y con reflejante para que el ciclista de turno se sujete y vámonos. Yo lo haría si tuviera coche.

Agregando: si quieres saber más sobre ciclismo urbano en Monterrey (rutas, reparación, consejos, avances y noticias sobre movilidad inclusiva en la ciudad, activismo, ecología y reuniones), lo puedes averiguar en la página de los amigos de Pueblo Bicicletero

Comments 3

  • J
    Jesus edgardo Mendoza
    Muy buen lugar y excelente trato
  • J
    javier neaves
    Muy buen servicio.
  • R
    Roberto Aguirre
    Vivo en col. Es hda esta rosa en cd.apodada,n.nl